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FANTASMAS SILENTES: EL CINE MUDO Y NOSOTROS

Por César Caro C.

Prólogo


El cine mudo como una detención, una pausa en la aceleración consumista del siglo xxi

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¿Una imagen vale más que mil palabras? ¿Un silencio vale más que mil sílabas, vale más que mil lamentos, más que mil risas?
La imagen-movimiento de hace más de 100 años, ¿aún nos conmueve?. Hoy en día, ¿qué provoca en nosotros, sujetos plenos del siglo XXI que ya nada nos sorprende, hiperestimulados en la era digital de las redes sociales y la inteligencia artificial de los tiempos pospandémicos?

¿Cuál es el valor del cine mudo hoy en día? ¿Qué valor puede tener para nosotros?

O, en otras palabras: ¿POR QUÉ EL CINE MUDO HOY EN DÍA?


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Históricamente el Cine mudo fue la expresión incipiente y primaria de la creación cinematográfica. En los albores del cine, exploraciones europeas como norteamericanas, tanto del sur global como chilenas, desafiaban el ansia humana de experimentar con las nuevas tecnologías con sus descubrimientos técnicos y científicos.

Nos hacían imaginar mundos distintos e imposibles, poder decir o mostrar cosas que de otro modo era más confuso, o elevar el lenguaje específico del cine a uno más poético, artístico o comercial: la imaginación se desplegaba como infantes con juguetes nuevos (algo ciertamente no muy distinto a hoy en día).

Así el uso de la imagen como movimiento puso en relieve el uso técnico de la imagen-movimiento en la era de la reproductibilidad técnica, proyectando una masividad y complejidad que la fotografía, la pintura o la literatura no podrían ejercer con tanta eficacia y eficiencia por sí mismas. El cine en este sentido rompió las barreras técnicas, narrativas y espacio-temporales de su reproducción y alcance.

Gracias al cine, y al cine mudo especialmente, las clases trabajadoras pudieron acceder a entretención y al goce post-laboral de tal manera que podrían ver al mismo e idéntico Charlotte con sus mismos y originales movimientos, sea en EEUU o en Europa, a diferencia del teatro donde cada presentación es única e irrepetible, limitada a la salud o la vida-muerte de los actores y actrices. Y aunque no supieras leer, podías entender cabalmente los movimientos, los golpes, las acciones, las detenciones, el humor o la tragedia de las actuaciones de los protagonistas.

El cine como imagen-movimiento, el cine como actividad cultural, el cine como fenómeno técnico y científico, el cine como lenguaje se vuelve universal y accesible a las mayorías populares.

Aún así el cine mudo exige un detenerse, aunque no sepas leer textos, debes leer los movimientos de los personajes, los movimientos de los objetos, el movimiento del tiempo en el transcurrir de la cinta celuloide. Exige y estimula de un modo distinto aún por aprender. Exige ciertas pausas. El cine mudo exige ver y comprender la nueva expresión técnica, y para lograrlo debes dejar de hacer otras actividades y aprender a “leer” este nuevo lenguaje de movimientos y de tiempos, que, no obstante, es intuitivo en su recepción y lectura, convirtiéndose en lenguaje universal, y que, pronto, en un par de décadas, tal lenguaje se complejizará con el advenimiento de nuevos recursos sea narrativos, como los recursos técnicos y experimentales del cine expresionista alemán o del cine documental, como la utilización del sonido, del montaje, ya dejando atrás parcialmente al cine mudo y las bandas en vivo.


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El cine mudo como desafío al tiempo, desafía al tiempo del siglo XXI, es un detenerse en la celeridad del día a día contemporáneo, en lo fulminante de su devenir.
El cine mudo de principios de siglo XX crea un nuevo tiempo, un nuevo movimiento, una nueva imagen, una nueva manera de acercarnos a las imágenes ahora impregnadas de tiempo que transcurre como movimiento. Es en un tiempo y un lugar precisos: la sala de proyección cinematográfica. Se crea entonces un nuevo ritual social: ir a ver cine, vestirse adecuadamente para ir a ver cine, ir con la familia, con los hijos a entretenerse en este nuevo invento de la civilización occidental. En este sentido hacemos una pausa a nuestras labores cotidianas y laborales para acercarnos, ver, reírnos, llorar, acongojarnos o asustarnos ante las imágenes que se van moviendo ininterrumpidamente al frente nuestro. ¿Cuáles habrán sido las sensaciones y emociones de aquella primera humanidad que presenció tales inventos? Seguramente las salas del incipiente cine no guardaban silencio como hoy en día, no podían guardarlo, había pues reír y llorar, hablar y eructar las impresiones que ejercían en la audiencia. De eso se trataba quizás el pacto del ritual social. Una nueva manera de juntarnos y de compartir con la tecnología y los avances del momento.

Tal vez no alcancemos a comprenderlos jamás. Pero de algo estoy seguro, y es de la invitación que el cine mudo nos ofrece, quizás nos hereda algo mucho más complejo que solo las películas o los registros cinematográficos. Un habitar, una experiencia, un ritual.


Para nosotros quienes habitan el cine mudo son fantasmas silentes, espectros de un tiempo perdido, o espectros de un tiempo recobrado. A veces es útil hablar, interactuar con fantasmas, traerlos a la mesa del hoy y enfrentarnos a su silencio de siglos.


El cine mudo nos pide, nos exige una detención, un paso más lento, una estimulación de otra época, cierto sosiego, de cierta contemplación olvidada. Nos exige lo que irremediablemente toda sociedad pierde, muta, se transforma a lo largo de las décadas. Pero también vemos, observamos, presenciamos como testigos tales cambios.


Un Charlotte proletario siendo golpeado por querer aparecer en pantalla y perseverar, inconscientemente, en el tiempo; niños bañándose en las aguas de un mar, niños ya hechos huesos y polvo hoy en día; un ferrocarril que viene y se va de la pantalla dejando al público del primer ruedo cinematográfico, según se cuenta, espantado. Retazos de cine chileno perdido entre incendios, o perdido para siempre por la venta inherente de su plata y celuloide, y un poco de no tener en cuenta la posterioridad de los archivos patrimoniales que serían algún día los registros cinematográficos: bomberos participando de un ejercicio, un huaso obrero o campesino protagonista de unos segundos de un cine olvidado y deshecho, o un Manuel Rodríguez que en ese entonces era más héroe que hoy en día, donde se le homenajea como al héroe de la independencia al cumplir el centenario de la misma. Es otro mundo aquel. Es casi un cementerio. ¿Qué nos queda hoy?

En la época de las fake news, de los resurgimientos fascistas, de la ultraderecha y del neoconservadurismo a nivel mundial, con las contradicciones propias de cada sociedad, la energía motriz que nos lleva hacia adelante en ese movimiento que parece infinito. Y en ese movimiento infinito aparece con su silencio el cine mudo, testigo de un mundo fantasmal, de una humanidad caída en el movimiento infinito del hoy infinito que parece no tener mañana. De Scrooll infinito en scrool infinito. Videos de infinito bullicio en una infinita amnesia audiovisual. Ansiedad infinita por más de un más que siempre aparece. En los tiempos de las redes sociales, de youtube, de las cuentas de suscripción pagadas donde la saciedad se ve reprimida por la ingente cantidad de qué ver, de qué oír, en última instancia, la enorme cantidad de estímulos que tratan de apoderarse de nuestra atención, incesantemente.

Pegados todos los días a pantallas, ¿qué es lo que queda suspendido en la incesante estimulación de nuestros sentidos? Me refiero a la suspensión e interrupción de nuestra capacidad de atención, a nuestra capacidad de conmovernos, hasta de sorprendernos por la ingenuidad del cine mudo en blanco y negro. Quizás somos una sociedad menos ingenua al menos en cómo decodificamos las imágenes. Una sociedad con más de un siglo consumiendo material audiovisual ¿no queda curtida acaso? Sentir lentamente la transparencia/opacidad de sus imágenes para prestar atención de una manera más profunda, con el acervo cultural que poseemos, el descubrimiento de su complejidad. Volver al ayer para regresar al hoy de una manera más lozana.

¿Y entonces qué nos ofrece el cine mudo hoy?

Volvamos al principio: ¿por qué el cine mudo hoy en día?

Invitamos al lector y auditor a detenerse por un largo momento, a recuperar ese tiempo suspendido, ese tiempo perdido en el polvo, perdido en los anaqueles del olvido estruendoso de las redes sociales, volvamos a un cierto silencio, a una cierta lentitud, a un cierto pasado que no es muy distinto del presente, del que seguramente algo podremos traernos al presente. La historia no se repite, pero vuelve con nuevas metáforas.