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Crónica: Cuando el aula se vuelve cama; el recorte que pone en riesgo la educación de niños hospitalizados en Chile

(Juan Fco. Silva Díaz – Fonoaudiólogo/audiólogo)


En Chile, las aulas hospitalarias son un derecho conquistado: garantizan que niñas, niños
y adolescentes (NNA) con patologías o condiciones médico-funcionales puedan continuar
su educación mientras están hospitalizados, en tratamiento ambulatorio o en reposo
domiciliario. Sin embargo, en medio de un ajuste fiscal que ha recortado más de $413 mil
millones al Ministerio de Salud y tensionado el presupuesto del Mineduc, emerge la
pregunta crítica: ¿qué pasa con la continuidad educativa de los estudiantes más
vulnerables cuando el Estado reduce su inversión en programas sensibles como la
educación hospitalaria?


¿Qué son las aulas hospitalarias y por qué importan?
Las aulas hospitalarias —parte de las 62 escuelas hospitalarias registradas en el sistema
público de salud hasta 2023— operan en tres modalidades: aula dentro del hospital,
atención en la sala de hospitalización y atención domiciliaria. Su misión es clara: evitar el
desfase curricular y la deserción escolar de estudiantes que, por enfermedad, no pueden
asistir a su escuela de origen.


Atienden desde educación parvularia hasta media, incluyendo educación especial.


En 2025, se estimaba una matrícula mensual de 2.000 a 2.500 estudiantes, con una
cobertura anual cercana a 25.000 NNA en situación de enfermedad.


En 2026, el Mineduc socializó el primer Modelo Pedagógico nacional para Escuelas y
Aulas Hospitalarias, con el fin de estandarizar y fortalecer la continuidad educativa en
contextos de hospitalización.


El contexto presupuestario: recortes en Salud y señales de tensión en Educación
Aunque no hay una cifra oficial pública que hable explícitamente de un “recorte del 80% al
presupuesto de aulas hospitalarias”, el escenario macro es preocupante:
El Decreto 333 (mayo 2026) impuso un recorte del 2,5% al presupuesto del Minsal,
equivalente a más de $413 mil millones, con efectos en insumos, contrataciones y
programas.


Gremios de salud advierten que algunos hospitales podrían quedarse sin recursos
operacionales antes de fin de año si no hay inyección de fondos.


En Educación, el Mineduc reconoció en su Cuenta Pública 2026 la existencia de
programas y asignaciones con déficit presupuestario, aunque no detalló específicamente
el ítem de educación hospitalaria.


En este marco, cualquier reducción drástica en la subvención o en los recursos
destinados a las escuelas hospitalarias tendría un impacto directo en la continuidad
pedagógica de niños y niñas que ya enfrentan una situación de salud compleja.


Repercusiones probables de una rebaja presupuestaria severa
Si se confirmara una rebaja del 80% en los recursos asignados a las aulas hospitalarias
(ya sea por reducción de subvención, cierre de plazas docentes o eliminación de
modalidades domiciliarias), las consecuencias serían inmediatas y profundas:

Interrupción de trayectorias educativas: estudiantes con tratamientos prolongados
perderían el vínculo curricular, aumentando el riesgo de rezago y deserción.


Sobrecarga del personal docente: con menos recursos, se reduciría la capacidad de
atención personalizada y el acompañamiento emocional, clave en contextos de
enfermedad.


Brechas de articulación: se debilitaría la coordinación entre el sistema de salud y las
escuelas de origen, dificultando la reinserción escolar post-alta.


Desigualdad territorial: regiones con menor capacidad de gestión (como Magallanes,
Atacama o zonas rurales) verían afectados sus programas locales, que ya operan con
equipos reducidos.


Voces desde el terreno
En febrero de 2026, las aulas hospitalarias de Magallanes cerraron el año atendiendo a
63 estudiantes, con un equipo de siete docentes y asistentes que sostienen la continuidad
escolar en una región extrema. Cualquier recorte en este tipo de programas no es solo un
número en un presupuesto: es la diferencia entre un niño que sigue aprendiendo desde su
cama de hospital y otro que queda fuera del sistema.


Lo que está en juego
La educación hospitalaria en Chile se sustenta en un marco normativo robusto (Decretos
Supremos N° 374 y 375, Resolución 1186, entre otros) que reconoce el derecho a
aprender incluso en contextos de enfermedad. Pero los derechos, sin presupuesto, se
vuelven letra muerta.


En un país que ha avanzado en inclusión educativa, un recorte de esta magnitud enviaría
un mensaje contradictorio: se promueve la igualdad de oportunidades, pero se retiran los
recursos donde más se necesitan.


Signo Escarlata. Documentar para entender mejor.