Artículo de opinión

Por: César Caro
El Gobierno actual de José Antonio Kast Rist impulsa “descontinuar” un número importante de programas sociales para el presupuesto del año 2027, mediante las recomendaciones del oficio circular n°16 ya tan en boca de la ciudadanía estos últimos días, argumentando “un escenario de estrechez fiscal que exige un cambio de paradigma en la gestión de recursos públicos”, de manera que estas iniciativas estarían supeditadas a la sostenibilidad financiera para el periodo 2027-2031. Amarrando presupuestariamente al gobierno siguiente en su propuesta.
Entre las restricciones a programas y servicios ministeriales que recomienda aparecen, por ejemplo:
Fondo de Apoyo a la Educación Pública, recomendación “descontinuar”; Programa de bienestar socioemocional y Educación Integral, educación rural, Liceos Bicentenarios de excelencia, subvención gratuidad, recomendación “ajuste presupuestario”; programa nacional de lectura, Plan de fortalecimiento para el desarrollo de las artes en el sistema educativo, reinserción escolar, Plan nacional de escritura, la Beca de apoyo vocación de profesor. Recomendación: “descontinuar”.
Una de las recomendaciones que más llama la atención, quizás aún no la suficiente, es en relación con la JUNAEB, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas: se propone “descontinuar” el Programa de Alimentación Escolar. El clásico desayuno o almuerzo del colegio para muchos que fuimos hijos de la educación públicas, gracias al programa social pudimos comer durante las largas jornadas educativas de la básica y la media.
Estas medidas generan profundas disonancias, pero también evidencian la trama (o el trauma) oculta de la política de nuestros nuevos, aunque no tan nuevos, gobernantes.
La política económica del Gobierno de Kast es a todas luces la política de las élites dominantes, de los dueños de Chile y del capital, de los hacedores del mercado y patrones del fundo llamado Chile. Es una política económica de “kast-igo” a los sectores populares y trabajadores. Es una revancha al levantamiento de los estudiantes por parte del “partido del orden chileno” representado en la figura de Kast. Es una revancha, una pasada de cuenta ante las exigencias de los últimos años por mejoras en las políticas sociales.
Entonces uno tiene el compromiso moral de preguntarse: ¿Quiénes son más importantes para el actual gobierno de Chile? ¿Los pobres o los ricos? ¿Ese 55% de la población que gana menos de 600 mil pesos líquidos mensuales o aquel 10% que gana sobre los 1,5 millones de pesos? No digo que quienes ganan sobre el millón y medio sean ricos. Así de brutal es el escenario político actual ¿Así de evidente es la política moral del gobierno de Kast?
Sobre el programa de alimentación escolar por parte del Estado y la fragilidad de las familias aún en el 2026 de poder dar las comidas necesarias sus hijos. ¿qué consecuencias implican ante este tipo de decisiones presupuestarias y políticas para las familias más vulnerables? Pero, sobre todo, ¿qué implicancias nos ofrecen estas decisiones en el proyecto de sociedad?, ¿qué tipo de proyecto de sociedad implica este tipo de decisiones?
Detengámonos por un momento en lo primero que alcanzamos a observar en cuanto a la solidaridad en una sociedad individualista como la actual.
Hoy en la mañana hablamos mientras comíamos sobre el hogar de los años 60 o 70 y la solidaridad de una mujer pobre con 11 hijos, recibiendo en su casa a otros niños sin “mamás” que deambulaban mientras el padre trabajaba, en una Recoleta rural de mediados del siglo pasado, en un Chile caduco, ya incorporado a los libros de historia. Esta mujer, así como otras tantas seguramente, hacía tanto a los suyos como a los ajenos, alimento de pobres para pobres: una sémola batida con zumo de limón y miel de ulmo. ¿No es esta la expresión más profunda y fulminante de solidaridad de clase? ¿De convicción moral y política de una mujer de pueblo?
Nuevamente me pregunto: ¿Qué pasó con ese Chile? ¿Dónde está esa gente que podía sacarse el pan de la boca para compartirlo con el que más lo necesitaba prácticamente sacando el hambre de su boca para saciar el hambre de otro?
Por otro lado, ¿qué le pasó a una élite chilena que se golpeaba el pecho con crucifijos y avemarías, besando la mano del Padre hurtado y del papa, esa que bogaba por la solidaridad cristiana a favor del desvalido, incluso por temor divino al castigo de no compartir de sus bienes y riquezas, de no dar al necesitado, al pobre, al roto y al leproso? Aunque simplemente haya sido de mentiras, aunque haya sido un embuste cristiano de misericordia por el otro, el pordiosero.
Sin embargo, el dolor, la queja, no es esa, la contradicción no es solo aquella, sino un síntoma aún más morboso: ¿Qué le sucedió a la clase trabajadora que se olvidó que sus pares pueden sufrir de hambre, de necesidades de alimento? ¿Qué le sucedió a la clase trabajadora que se olvidó de sí misma, que se abandonó a las garras de su opresor? ¿por qué y qué la llevó a la suspensión moral de pensar en sus intereses? ¿Cómo fue que los domó el individualismo de ultranza? ¿Cómo fue que olvidó la solidaridad?
¿Qué le sucedió a la sociedad que de un momento a otro le dio vuelta la cara al que necesita, al que, por innumerables razones, “no puede”, no ha sido favorecido por tal sistema?
Y ¿Quién realmente cuida a nuestros niños y niñas si no le ofrecemos como sociedad lo mínimo posible: un plato de comida en el colegio?
En este sentido, ¿quiénes se tapan la boca y escupen veneno y fuego contra el aborto son los mismos que se dicen pro-vida y pro-infancia?
Una política y un modelo económico que promueve y prioriza el hambre de los pobres por sobre sus intereses económicos e ideológicos, o, en palabras del oficio circular n°16 del Ministerio de Hacienda, por “un cambio de paradigmas en la gestión de recursos públicos”.
¿Ese es el proyecto de Chile que queremos formar?
